Este fin de semana he tenido mucho tiempo para pensar, para darle vueltas al coco y plantearme el "qué" de nuestra existencia.
Hace no mucho tiempo, yo estaba plenamente convencida de que somos materia, la cual nace, crece y se vá destruyendo , de modo, que cuando ya esa materia deja de cambiar, simplemente desaparece y no queda nada, solo un vago recuerdo en aquellos que nos conocieron y que tarde o temprano se olvidará con el paso del tiempo.
Pensaba, que somos como un viejo jersey, que una vez mudado al invierno, queda apoyado en el respaldo de una silla, ajado, desgastado y adaptado al que fue nuestro cuerpo, pero que no cobra vida, a no ser que volvamos a usarlo. Desgraciadamente con el cuerpo humano, no ocurre lo mismo y una vez que dejamos de usar nuestro cuerpo... simplemente desaparece.
Pues bien, ahora veo la esencia básica de mi error y comprendo cuan equivocada estaba. Cada vez, estoy más convencida de que somos energía.
Esta energía, cuando nos despojamos de nuestro viejo jersey, queda suspendida en los corazones de todos aquellos que nos quieren.
Yo siento la energía de todos aquellos que me quieren y me quisieron, siento como me dan fuerza y optimismo para vivir cada día y siento sus consejos y apoyo en cada dolorosa decisión que he tenido que tomar, sabiendo que he acertado y que elegí la misma opción que hubieran elegido ellos.
El viernes pasado, cuando entre lágrimas mi amiga Pati y yo nos abrazamos, le susurré al oido: "ánimo Pati, están con nosotros, cuidándonos... ¿no sientes su energía? o ¿acaso no crees que sería imposible solo poder respirar si ellos no estuvieran detrás?".
Así, que os dejo abierta la pregunta... ¿somos materia o somos energía?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario